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Imagen aérea de La Frontera

Un turismo familiar y cercano que hace que El Hierro sea un ejemplo a seguir

Se puede diversificar un mercado turístico ofreciéndole singularidades únicas

Desde la década de los 70, personas de todas partes del mundo vienen a Canarias atraídos por el clima, los paisajes y la oferta cultural, gastronómica o de ocio. En El Hierro hemos aprendido a convivir con ellos, ofreciéndoles todo lo que tenemos y compartiendo, con quienes deciden quedarse, nuestra idiosincrasia y nuestra forma de vivir. Porque igual que nosotros emigramos a otros lados, hay quienes, tras viajar a la Isla, deciden quedarse para que sus generaciones venideras crezcan en ella.


El Hierro ha sabido mantener un turismo fiel, respetuoso con el medio ambiente y que, cada vez más, viene para estancias más largas. En los últimos años ha sabido diversificar el mercado y, hoy en día, hay quien viene a la isla a conocer su potencialidad en recursos naturales y geológicos, que nos ha valido ser Reserva Mundial de La Biosfera. Gracias al uso de las renovables o la nitidez de nuestros cielos nocturnos (que, desgraciadamente, no hemos aprovechado tanto como pudiéramos) somos un destino atractivo para ese turismo científico.


Pero hoy quiero ir más allá. En un tiempo en el que se habla del sector turístico en todos lados, me gustaría poner de relieve el de El Hierro. ¿Y saben por qué? Porque nos hemos sabido diferenciar del resto del Archipiélago gracias a ser capaces de ofrecer un producto diferenciado, familiar y cercano. Un hecho que nada tiene que ver con el de masas en el que están sumergidas las islas capitalinas o de grandes infraestructuras hoteleras que hacen que el turista no gaste ni invierta en el comercio local porque todo lo tiene en un hotel con una pulserita del famoso “todo incluido”.


No hemos sido avariciosos y hemos mantenido un nivel que es el que debemos tener y cuidar y, parte de culpa, está en nuestros medios de transporte. No incrementar las frecuencias de trayectos, tanto por mar como por aire, ha hecho que tengamos un control del turismo y no nos dejemos llevar por la imperiosa necesidad de incrementar cifras, sino mantener, dentro de un orden, las que ya tenemos. Se habla mucho del concepto de “capacidad de carga”, un concepto indeterminado que se ha demostrado desfasado pero que, aplicado a El Hierro, podríamos decir que viene delimitada por nuestras limitaciones al transporte de pasajeros… y ya estamos llegando a máximos. Tenemos un aeropuerto que en el año 2023 batió récord de pasajeros, alcanzando las 301.241 personas, un 10,1% más que en el año anterior.


Está claro que tenemos un límite y que estamos más próximos que nunca a conseguirlo, porque tenemos un aeropuerto que opera con las horas de sol, los vuelos que se permiten son los que son y el tamaño de la pista es la que es. Así que con ese corsé podemos tener la tranquilidad de que nuestro crecimiento no es, ni debe ser, infinito.


Y a pesar de lo anterior, hace unos días en la Comisión de la Mesa de Transporte y Turismo del Cabildo Insular insistía en la reflexión que debemos hacernos como sociedad: ¿Qué turismo queremos? Probablemente, si hiciéramos una metodología participativa sobre esta cuestión saldría un resultado mayoritario que aboga por un modelo turístico familiar, de calidad (que no significa lujo) que valore nuestra isla por cómo es y lo que ofrece; un turismo basado en pequeñas infraestructuras hoteleras y extrahoteleras, en manos, a ser posible, de familias herreñas que puedan generar una redistribución de los ingresos turísticos dentro de la propia isla.


Permítanme que, como herreño, agradezca a los vecinos que aún conservan el bar de siempre, el restaurante donde aprendí lo que era el sabor a pescado, el supermercado al que iba cuando pequeño o la tienda donde me compraban las primeras prendas de vestir. Quienes vienen buscan esas singularidades, huyen del bullicio, de los grandes centros comerciales y del barullo de una ciudad que les hace olvidar que con poco se es feliz.


Somos afortunados, y digo esto porque mientras en otros lugares de Canarias se consume en las grandes superficies o en franquicias americanas, aquí se hacen en locales y comercios nuestros. Además, damos una promoción al exterior que debemos aprovechar y es que, por ejemplo, nadie se va de la isla sin una quesadilla, un queso, un vino o una piña. Sabores que no saben igual aquí que en el lugar al que se lo llevan pero que hacen que no solo vuelva quien se lo llevó, sino también venga quien lo probó. Nuestros mejores embajadores son nuestros productos y la calidad humana herreña que brilla allí donde llega.


No me olvido del auge de las viviendas vacacionales; en nuestra isla ya alcanzan los 462, y a las que el Gobierno de Canarias ya está intentando regular con el anteproyecto de Ley de Ordenación Sostenible del Uso Turístico de Viviendas, en exposición pública. Es una realidad el aumento de este tipo de inmuebles que hace que, cada vez más, se convierta en toda una odisea conseguir una casa donde vivir. Pero estas dificultades devienen de una falta de planificación y de desconocimiento de las herramientas que nos da el urbanismo. ¿Cuántos pagan su contribución todos los años por solares en los que no pueden construir? Las administraciones públicas se tienen que implicar en ayudar a desarrollar esas unidades de actuación para que la gente tenga solares donde construir su primera vivienda o, como mínimo, que se pongan en marcha ayudas a la rehabilitación de viviendas, para primero abogar por finalizar las que ya están. No podemos olvidar que el turismo también genera distorsiones que tenemos que corregir para evitar los problemas que ya sufren nuestras islas hermanas de Lanzarote o Fuerteventura que, literalmente, "mueren de éxito".


Por eso debemos tener claras dos cosas: podemos convivir con el turista y ser distintos al resto. Compartimos día a día con personas que tienen una cultura distinta a la nuestra y eso nos enriquece, nos enseña y nos hace crecer como personas y, a cambio, le ofrecemos un producto que es único, que no solo se enfoca en nuestra forma de ser, sino en aquello que anhelan en su país, aquello que hace que El Hierro sea la isla más pequeña geográficamente, pero la más grande en ejemplo de turismo.


En esta premisa está la receta de nuestro crecimiento, no ser los más vendidos sino los más queridos.

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